Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos se reían cada vez que le oían decir aquello:
- Qué tontería – decían unos- ¡ no hay cámaras de fotos para elefantes !
- Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografiar…
Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde
un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que parecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar…
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, incluso del malhumorado rino!; de ésta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.
Abre la puerta, no digas nada, deja que entre el sol. Deja de lado los contratiempos, tanta fatalidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Abre tus alas al pensamiento y déjate llevar; vive y disfruta cada momento con toda intensidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo para intentarlo, para cambiar tu destino. Y tú, que vives tan ajeno, nunca ves más allá de un duro y largo invierno.
Abre tus ojos a otras miradas anchas como la mar. Rompe silencios y barricadas, cambia la realidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo para intentarlo, para cambiar tu destino...
Mirando las
estrellas me di cuenta que en cada una de ellas existe un paraíso. Mirándolas a
ellas descubrí la infinidad de cosas que perdemos. Ellas que están allá, tan
lejos de este mundo, al menos sobreviven con su pequeño brillo; y nosotros acá,
tan llenos de momentos, nos sentimos morir cuando algo se termina.
Mirando las
estrellas comprendí el valor que no damos a la vida.
Cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta y olvidamos que
sin ella no seríamos quienes somos.
Hoy sin pensar vi
volar una estrella en su gran mundo... La vi volar sin rumbo y la noté perdida.
Me di cuenta que a veces no sólo en este mundo existe soledad... que ellas
también la sienten, como cualquier persona, pero al menos siguen brillando,
buscando una razón para salir de ella.
Hoy mirando una estrella, sentí el calor aquel del amor que se fue... Y
descubrí que en ella están los sueños, los besos y aquel tiempo que se perdió
algún día.
Comprendí que el amor tiene un millón de vueltas... Que a veces nos
sorprende, nos da felicidad, y a veces se transforma en lo peor que hay.
que no sirve el
ORGULLO cuando existe AMISTAD;
que no sirve LLORAR cuando un amor se va;
que no vale la pena aprender a CALLAR;
que no existen FRONTERAS cuando tenemos VIDA...
y que aprender a VIVIR, ES LO MEJOR QUE HAY!!!!
Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol. Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regozijaron con un banquete. Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños; ¿ Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela ? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su ahora enemiga. Mas no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera que aún conservaba fuego, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, los cuales se vinieron al suelo. Corrió entonces la zorra, y tranquilamente devoró a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga. Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.