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En los más profundos sueños, corre descalza, huye por miedo, se siente sola y perdida, juzgada por su vida.
Y siente una gran derrota, toda su ilusión rota, frente a un gran vacío, llora y tiembla de frío.
Ya casi no habla, no cuenta secretos vivos, no sonríe ilusionada, y mientras se apaga la luz de su mirada, se rinde y se entrega a la oscuridad de la nada.
Frío en la húmeda calzada, en la que ella se encuentra tumbada, al fin fue encontrada, y en su sueño enterrada.
Amanece en su habitación, los rayos de sol calientan su cama, y bajo las sabanas se dibuja, esa mujer que yace sin vida.
Alguien dijo en las noticias, que había una nota en su mano agarrada, en tinta roja se leía, "si no tengo ilusión, ya no me queda nada".
Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos se reían cada vez que le oían decir aquello:
- Qué tontería – decían unos- ¡ no hay cámaras de fotos para elefantes !
- Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografiar…
Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde
un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que parecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar…
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, incluso del malhumorado rino!; de ésta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.
Abre la puerta, no digas nada, deja que entre el sol. Deja de lado los contratiempos, tanta fatalidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Abre tus alas al pensamiento y déjate llevar; vive y disfruta cada momento con toda intensidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo para intentarlo, para cambiar tu destino. Y tú, que vives tan ajeno, nunca ves más allá de un duro y largo invierno.
Abre tus ojos a otras miradas anchas como la mar. Rompe silencios y barricadas, cambia la realidad porque creo en ti cada mañana aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo para intentarlo, para cambiar tu destino...